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Ser mujer y trabajar 24/7...

duplica la vulnerabilidad.

Reflexionando sobre el 8M, como Fundación vimos que nos costaba elegir un mensaje único en el que todas las mujeres, niñas, adolescentes, trabajadoras, voluntarias nos sintiéramos representadas. Cada una de nosotras vivimos un contexto y hemos bebido de una cultura que nos hace ver la misma realidad de una manera muy diferente. Por eso, con la voluntad de encontrar un punto común, hace unos días compartimos un espacio de conversación con un grupo de mujeres del barrio para debatir sobre las desigualdades de género de nuestro entorno más cercano.

¡Qué momento tan interesante y rico de opiniones! Salieron ideas como que "la mujer es más fuerte que el hombre, porque tiene que trabajar más y no se le reconoce", que no podemos aceptar "que el hombre nos ayude en las tareas domésticas y que encima tengamos estar agradecidas" sino que debe ser una acción de corresponsabilidad. Y la frase que muchas compartían: "¡Al menos podría estar los fines de semana con sus hijas e hijos!".

Según la encuesta de salud en Cataluña 2020 (ESCA), las mujeres dedican el doble de horas que los hombres a tareas domésticas, en un día laborable. Y revisando el estudio "El impacto de género del COVID-19 en datos" del Instituto Catalán de las Mujeres, durante el confinamiento el 91,4% de las mujeres hacía las tareas del hogar mientras que los hombres lo hacían un 72,2%.

Pero compartiendo la realidad con las mujeres del proyecto FAR nos damos cuenta de que en nuestro día a día la diferencia es mucho más amplia. En concreto, hoy hemos hecho una dinámica para identificar qué acciones hace cada miembro de la pareja para alcanzar el bienestar familiar. Y sólo con lo comentado vemos que aún estamos lejos de conseguir una igualdad real: ¡Los hombres deben hacer mucho más (o las mujeres mucho menos) para que las figuras se igualen!

Pero donde todas coincidimos es que más allá de las tareas, las responsabilidades, si trabajamos fuera o dentro de casa, necesitamos una igualdad de oportunidades y de derechos para escoger. Y la educación es el canal más importante para reivindicarlo: no sólo la que recibimos sino también la que transmitimos a nuestros hijos, hijas, y a los niños y niñas día a día.

Finalmente, hoy hemos terminado la sesión mirándonos en el espejo. ¿Y sabéis que hemos visto? Mujeres fuertes, responsables, valientes, guapas, que han vivido mucho, trabajadoras,...

Quizá no tenemos un mensaje único y claro pero lo mejor es tener espacios como estos donde compartir y aprender de las realidades de unas y otras para ir tomando conciencia para que cada una pueda configurar su propia reivindicación.