Imatge o vídeo destacat
L'entrevista:Parada

La entrevista: Miguel y Dolores del Bar Parada

Cuando mi padre se puso enfermo decidí dejar mi trabajo y continuar con el negocio familiar.

Dolores Vázquez López, 64 años. Nacida en Nerva (Huelva), lleva más de 40 años en Badalona.
Miguel Catalán Vázquez, 43 años. Nacido en Santa Coloma de Gramenet, vive en Badalona.

 

Este mes entrevisto a Miguel y a su madre que son los que llevan el Bar Parada, el lugar donde a veces vamos a comer con las compañeras de la Fundación.


 

Explicadme, ¿cómo llegasteis a Badalona? ¿De dónde veníais?

D: Salimos de Nerva en tren y llegamos a la estación de Francia. Yo venía con mi madre: mi padre había muerto ese mismo año. Veníamos con mucha pena dejar nuestra tierra pero con ilusión para empezar una nueva vida, esperanzadas. Llegamos a L'Hospitalet de Llobregat y estuvimos cuatro meses pero enseguida vinimos a vivir a Badalona, ​​en el barrio de la Salut Alta.

¿Qué os encontrasteis en el barrio de la Salut Alta? ¿Era lo que os imaginabais?

D: El barrio era humilde y trabajador, pero bonito y agradable. No había tantas calles, estaba todo sin asfaltar. No había tantos bloques de pisos y la gente era muy amable. No nos habíamos imaginado nada, ya que nadie nos había hablado de Badalona, ​​así que veníamos a la aventura.

Cuando llegamos la verdad es que la primera impresión fue un poco chocante. Veníamos de un pueblo donde salías a la calle y todo el mundo se conocía y llegamos a una ciudad para meternos en un bloque de pisos donde no conocíamos a nadie. A mí personalmente me impactó mucho, pero ahora te digo que no cambiaría esto por mi tierra. Aquí hemos formado nuestra familia, aquí tenemos nuestro trabajo y, por mucho que voy al pueblo, no cambiaría Badalona por Nerva, aquí lo tengo todo.

Ahora tenéis un bar familiar, pero recién llegados a la Salut Alta, ¿a qé os dedicasteis?

D: Pues a trabajar! Yo empecé a trabajar en una tienda de juguetes donde hacía muchas horas y me pagaban 500 pesetas a la semana. En aquel tiempo tenía novio y trabajaba en un bar en Barcelona. Más tarde, cuando ya estaba casada, aquí en el barrio montamos un tablao flamenco que se llamaba Peña Los hijos de Córdoba. Después montamos otra peña, Juana de Arco, se decía.

Y, ya más tarde, montamos el Bar Parada. Cuando lo cogimos ya se llamaba así pero había sido una churrería y, después, según dicen una cafetería. Nos costó mucho levantarlo, estaba muy mal, estuvimos a punto de dejarlo, pero con esfuerzo remontamos y lo conseguimos! Y entonces ya llegaron los mejores años.

¿Podéis explicar un poco como era el barrio y en qué ha cambiado?

D: Cuando tomamos este local Miguel ya había nacido. Esto fue el 76 y el barrio estaba en pleno apogeo comercialmente hablando. Había comercios de todo tipo. El Bar Parada lleva abierto 39 años. Nosotros no nos podemos quejar, la vida nos ha ido bien. En el barrio la gente se respetaba mucho y éramos como una gran familia en aquella época. Cuando uno tenía un compromiso, los vecinos se ayudaban unos a otros. Nos hacíamos favores porque había mucha unión y esto ahora se ha perdido. Yo echo de menos que salir a la hora que saliera, era un barrio seguro y nos conocíamos y respetábamos todos.

M: El barrio ha pasado por diferentes momentos. Recuerdo cuando las calles Pau Piferrer, Calderón de la Barca y General Moragues se llenaron de comercios mayoristas de textil. Venía gente de todas partes a comprar a estas tiendas pero al cabo de unos años todos estos comercios cerraron por trasladarse a las naves del polígono de Montigalà y muchos de estos locales nunca más han vuelto a abrir las puertas. Un desastre, esto destrozó el barrio!

¡Explica alguna anécdota del pasado!

M: Ufff... anécdotas hay muchísimas. Las fiestas que hacía la viuda, que es la propietaria que había en ese momento en el bar que hay más arriba. Por San Juan salíamos todos a la calle con las tablas, cada uno llevaba algo para compartir y había baile. Era un barrio con muchísima vida.

D: Llegaba el entierro de la sardina en carnaval y íbamos todos los cañones con los niños. Se hacía vida en la calle.

M: Recuerdo cuando pasaba el gitano con la cabra (órgano con música) y desde los balcones tirábamos pesetas. En el barrio había muchísimo ambiente.

Y tú, Miguel, un día me contaste que tu profesión era ingeniero informático. ¿Cómo fue que decidiste continuar con el negocio familiar?

M: Porque mi padre se puso enfermo, tuvo una embolia y tuve que tomar esta decisión. O se cerraba el bar o continuaba conmigo en el frente. Así que decidí dejar mi trabajo y continuar con el negocio familiar.

¿Qué te aporta el Bar Parada? Subes persiana muy temprano y casi cierras el barrio. ¿Qué es lo que más te gusta de esta profesión?

M: De todo. ¡Me he pasado la vida aquí! A mí me gusta todo, sobre todo la relación con la gente. Disfruto con mi trabajo.

D: El bar es algo que te gusta o no te gusta. Y a Miguel siempre le ha gustado, como a mí. A mí me encanta el trato con la gente, y eso que ahora tienes que ir con más cuidado. No es como antes.

M: Fíjate si me gusta, que cuando era joven, salía de aquí y después me iba a trabajar en la barra de una discoteca, en Poblenou. La gente iba a la discoteca y se gastaba el dinero y yo trabajaba. Ganaba un dinero con algo que me gustaba y además me podía tomar mis cubatillas. ¡Qué más se podía pedir! Así estuve dos años, hasta que mi mujer me dijo que lo dejara.

Tú que tienes tantos clientes de barrio, ¿cuáles detectas que son sus alegrías? ¿Y sus preocupaciones?

D: Ups, pues esto es como un confesionario. Es un barrio muy, muy duro. Es un barrio de gente humilde pero también de gente con muchos problemas y que han pasado por mucho. Nosotros conocemos la vida de muchas personas, muchas confían en nosotros e incluso para ellas somos el lugar donde se sienten a gusto. Hay gente que te confiesa que no tiene ganas de volver a casa.

M: Yo aquí en el bar he visto de todo.

Tu bar es casi como el centro social. ¿Qué dirías que buscan los clientes cuando vienen, aparte de alguna bebida o comida?

D: Un lugar donde se sientan a gusto, donde puedan hablar un rato. Algunos te piden consejo. Otros simplemente vienen a pasarlo bien y reír un rato, en buena compañía. Recuerdo que en un par de ocasiones nos habíamos llevado a casa a algún cliente que estaba solo durante las fiestas. E, incluso, hemos llegado a ayudar a pagar una pequeña factura. Pero estos mismos clientes, después de haberles ayudado, han dejado de venir o los hemos visto en otro bar. Esto nos ha entristecido tanto que si alguna otra vez nos hemos encontrado con alguna situación similar, hemos decidido simplemente escucharlos pero no ir más allá.

M: Aquí hay mucha gente que venían de jovencitos y ahora vienen a presentar a sus hijos. Han pasado los años y ahora son ellos los que tienen familia y quieren que la conozcas. O algún gitano incluso me había invitado a su boda. Los gitanos son muy agradecidos y respetuosos, siempre que tú los respetes.

¿Cuáles son las comidas que más gustan a los clientes?

M: Pues, sin duda, el rabo de toro.

D: Las mejillas!

Y la tortilla de patatas que hace Dolores (reímos), ¡a ver si me pasa la receta! Miguel, mira al horizonte y dime... ¿qué esperas de tu bar?

M: Yo, continuar hasta el final.

¿Y del barrio que te ha visto nacer y donde has crecido?

M: ¡El barrio que cambie para mejor!

 

Me ha hecho mucha ilusión hablar con ellos. Se ha creado un vínculo especial y he disfrutado mucho hablando con madre e hijo. Hemos reído mucho de algunas de las respuestas! Gracias Miguel y Dolores por el gran trabajo que hacéis en el barrio. Sois una parte muy importante de la Salut Alta y esto lo demostráis en vuesto día a día. ¡Sin vosotros no sería lo mismo!

 

Entrevista hecha por Lídia Solé.